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– Dieta y emoción-

Una teoría curiosa que leí hace tiempo hacía referencia a aquello que comemos y a cómo nos afecta; no solamente a nivel físico, sino también a nivel mental. Y es que todos sabemos que el chocolate nos eleva el ánimo y que el café nos activa pero, ¿estamos usando los alimentos en concordancia, o sólo los tomamos por costumbres y tradiciones? Ya en su tiempo, Hipócrates clasificó cuatro tipos de temperamentos: el alegre, que correspondería a personas alegres, despreocupadas y con pensamientos siempre positivos; el melancólico, con un estado siempre de tristeza, de depresión; los coléricos, personas que se irritan con facilidad, que dominan, que están llenos de ira y de agresividad; y los flemáticos, que se definen por ser personas que viven apáticos, sin excitarse ni inquietarse, reservados y concienzudos.

Ahora, la ciencia moderna ha descubierto que cada uno de estos grupos de personas tiene un factor fisiológico que los caracteriza. El alegre se relaciona con un buen índice de dopamina, el melancólico suele tener bajos los índices de serotonina, los coléricos tienen los niveles de noradrenalina altos, y los flemáticos tienen el neurotransmisor inhibitorio GABA en dominancia. Quizá todo esto le reste romanticismo a esta máquina tan perfecta que es el cuerpo humano, pero al mismo tiempo nos da la oportunidad de conocernos mejor y saber qué alimentos pueden ser más beneficiosos para nuestra salud. El zinc que lleva el marisco, por ejemplo, contribuye a elevar la serotonina en nuestro cuerpo y a hacernos sentir más enamorados; así que no es ninguna mala idea ir a tomar una buena mariscada de vez en cuando con tu pareja (si uno se lo puede permitir, claro).

dieta

Cuando sentimos ira debemos evitar comer carnes rojas, que pueden hacer aumentar nuestra presión arterial o el ritmo cardíaco gracias a la producción de noradrenalina. Alimentos como el kéfir, el yogur, o el queso que son alcalinos y tienen un sabor amargo, suelen facilitar la producción de GABA, un neurotransmisor que calma y relaja a la persona. La leche también produce este efecto, por eso, antes se tomaba un vaso de leche antes de ir a dormir, ya que nos beneficia si sufrimos insomnio. En cambio, cuando nos sentimos tristes es aconsejable aumentar los niveles de serotonina. Los hidratos de carbono y las proteínas que hay en los huevos, la leche y la carne, son buenos aliados. El pescado azul también es aconsejable, al igual que las legumbres, los cereales y los frutos secos. Los cacahuetes y el chocolate de buena calidad son alimentos ricos en triptófano.

Pero cambiar nuestro estado emocional no se consigue con tan sólo comer algo mejor. Si bien es cierto que ayuda, hay otros factores que debemos tener en cuenta. Nuestro sistema límbico engloba distintas áreas que están relacionadas con las emociones. La amígdala, por ejemplo, cumple una función importante en el control de actividades como: la amistad, el amor, el afecto, o la ira, el miedo y la agresión; ya que al ser el centro de detección del peligro, resulta fundamental para nuestra supervivencia. El hipocampo mantiene una relación muy directa con la memoria. El hipotálamo, aparte de la regulación térmica, la sexualidad, el hambre o la sed, también está involucrado con el placer o la ira, etc. Cuando una circunstancia nos hace sentir tristes o enfadados, los neurotransmisores de la alegría deben disminuir para dar paso a los que corresponden al nivel emocional en el que nos encontramos.

Esto es muy importante pues cada circunstancia de la vida nos despierta un pensamiento distinto que, a su vez, despierta en nosotros una emoción y, al hacerlo, se incita al cerebro a generar los neurotransmisores que corresponden a dicha emoción. En realidad, la persona que es feliz no es aquella que va todo el día pensando en positivo, sino aquella que no lo hace en negativo y que mantiene su amígdala en calma. Algo que también afecta a nuestro estado anímico es la luz solar. En primavera y en verano, la serotonina se condiciona a la luz que recibe nuestro organismo, haciéndonos sentir mucho más alegres de lo normal.

NEUROTRANSMISORES EMOCIONALES:

Algunos medicamentos como el Diazepam o el Oxazepam, actúan sobre el sistema nervioso central asociándose a los receptores GABA y aumentándolos. Otros antidepresivos como el Prozac, contribuyen a que haya más serotonina flotando en las sinapsis. La dopamina está asociada a los mecanismos de recompensa en el cerebro. La cocaína, la heroína, pero también el alcohol y la nicotina, promueven la liberación de dopamina. En todas las cosas debemos buscar un equilibrio. Un exceso de dopamina puede provocar esquizofrenia, mientras que una falta considerable, Parkinson. Observa cómo te sientes, y empieza a cambiar tus hábitos de vida y tu forma de comer. La felicidad requiere voluntad, y no tanto sacrificio.

Resumiendo: debemos comprender que el estado emocional de cada individuo depende de varios factores. Aprender a pensar y a gestionar mejor nuestras emociones es algo que deberían enseñarnos desde pequeños. Fijaos: cuando comemos una fruta que nos gusta por primera vez, generamos dopamina. A partir de entonces, cada vez que recordemos su olor y generemos el deseo de volverla a comer, volveremos a generar más dopamina. ¡Sin que la comamos de verdad! Entonces: si nos levantamos de mal humor porque hay que ir a trabajar, si nuestro jefe no para de quejarse, si no nos sentimos valorados, si nos bombardean todo el día con noticias negativas (accidentes, atentados….), si vamos todo el día con prisas (niños, compras…). ¿Qué tipo de neurotransmisores estará liberando nuestro cuerpo durante todo el día? Y luego, decimos que nos cuesta dormir…

Xavier Turell Nebot


Masajista en Sabadell

Dieta y emoción