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¿Qué es el efecto Google? Cuando surgieron las primeras calculadoras hubo cierta polémica. Se creía, que las personas perderían su capacidad de calcular con facilidad, de forma mental, o a través de un simple papel. En aquel momento, la tecnología nos ofrecía una ayuda extra que facilitó el cálculo, pero también que debilitó al ser humano de calcular por sí mismo.

Hoy en día, los GPS van degradando nuestra capacidad de orientación, y el acceso a la información gracias a internet deteriora cada vez más nuestra memoria. No me lo invento. De hecho, hay múltiples estudios de lo que se denomina: “El efecto Google”, con resultados verdaderamente alarmantes.

¿Qué está sucediendo?

Sin darnos cuenta, perdemos facultades mentales con suma facilidad…


El efecto Google

Lo que sucede es que vamos diluyendo nuestro nuestra capacidad de atención, y vamos perdiendo el foco de nuestros objetivos. Cuando una máquina empieza a hacer nuestro trabajo, nuestra mente deja de recibir el estímulo que le obligaba a hacer dicho trabajo. Y, cuando el cerebro no es estimulado, deja de realizar dicha función.

Además, hoy en día, el estímulo viene de fuera. En nuestro móvil tenemos tantas aplicaciones que nos informan de todo, que nuestro cerebro ya no busca las respuestas en él mismo, sino que las demanda al exterior. ¿Lloverá? Antes, nuestro cerebro utilizaba el sentido de la vista, del olfato, la humedad que había en el ambiente y que era detectada por la piel, para responder la pregunta en menos de un segundo. Pero ahora, si no tenemos nuestro móvil a mano…

¿Tienes ansiedad?

Reconoce tus síntomas ante las nuevas tecnologías.


Normal. Antes eras capaz de abrir un libro tras haber cenado y sumergirte en él. Las historias te atrapaban y, no te dabas cuenta y ya eran las 23:00h. Ahora, en cambio, tras unas cuantas páginas sientes la necesidad de dejarlo un momento, un breve instante; nada, un segundo, para mirar si has recibido un mensaje y ya está. Luego, mientras lees, te viene a la cabeza que quizás un amigo a puesto algo en Instagram. Al rato, te acuerdas de que llevas rato sin revisar tu correo… ¿De donde recibimos el estímulo que hace que nuestra mente se focalice? ¿Del libro que pretendemos leer, o del exterior?
Nuestra mente divaga, no se centra, y pasan las horas sin que logremos realizar nuestro objetivo. Y eso, con el tiempo, genera estrés y ansiedad. Me hace gracia cuando pienso que los budistas llamaban a esta forma de actuar “mente de mono”. La verdad, creo que va siendo el momento de cambiarla por “mente de movil”…

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Xavier Turell Nebot

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