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¿Qué es la hipertensión?

Aprende a reducir el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.

La hipertensión es un estado en el que la presión que se ejerce sobre las paredes de nuestras arterias es superior a la presión normal. Esta presión tiene dos valores, la mínima o diastólica (que significa que el corazón se está llenando de sangre), y la máxima o sistólica (que significa que el corazón se ha contraído y ha expulsado toda la sangre que había en su interior).

Se habla de hipertensión cuando el valor de la mínima es superior a 9 centímetros de mercurio, o la alta a 14. En las sociedades industrializadas una de cada seis personas tiene la tensión alta, y en los países desarrollados, de un 15 a un 20% de la población adulta es hipertensa. Sólo un pequeño porcentaje de los casos de hipertensión arterial tienen una causa detectable, la mayoría, más del 90%, provienen de una causa desconocida, denominadas hipertensiones esenciales o primarias.

Recuerda:

La hipertensión, aunque no produzca unos síntomas evidentes, puede solapar el riesgo de sufrir graves enfermedades. Consideramos que una persona está hipertensa cuando aumenta la presión arterial por encima de los límites que se consideran normales. Entre un 5% y un 10%, la hipertensión puede ser “secundaria”, es decir, que surge debido a otra alteración en el organismo. Un ejemplo claro, lo encontramos en un trastorno del sistema endocrino o una enfermedad renal. El número de personas que sufren hoy en día hipertensión primaria, es cada vez mayor. En algunos países, la tienen un 70% de los habitantes mayores de 65 años.

Síntomas de la hipertensión:

Dada su importancia, es imprescindible conocer todos sus síntomas.

La hipertensión

 En la mayoría de los casos la hipertensión no presenta síntomas. Por eso, se suele denominar “la muerte silenciosa“ . Pero, a veces, podemos detectar los siguientes: dolor de cabeza, alteraciones visuales, fatiga, mareo, náuseas, insomnio, vértigo, dificultad respiratoria, presión en el pecho, hormigueos en las extremidades… También hay que tener en cuenta los factores desencadenantes de la hipertensión: el estrés, el sobrepeso (la obesidad hace que el corazón tenga que hacer más fuerza para impulsar la sangre a través de los vasos sanguíneos), el tabaco y el alcohol, la diabetes, el exceso de sal en las comidas, el sedentarismo, problemas renales…

Estos factores son importantes pues, por ejemplo, en el 20% de los hipertensos basta con una dieta pobre en sal para conseguir el control de su tensión. Así mismo, se ha comprobado que algunos anticonceptivos aumentan la tensión arterial, sobretodo en mujeres jóvenes, algo que deberíamos tener en cuenta.

¿Tengo hipertensión?

Hay que tener presentes varios factores antes de diagnosticar la hipertensión.

El diagnóstico de la mayoría de las enfermedades se realiza a través del conjunto de signos y síntomas de cada paciente. En la hipertensión, sólo se tiene en cuenta el estado de la presión arterial. Teniendo en cuenta que ésta varía dependiendo de si estamos descansando, haciendo ejercicio o según nuestro estado emocional, llegar a un acuerdo para saber cuál es la cifra que nos indica dicha alteración no ha sido nada fácil. Por eso, la forma y las condiciones en las que se toma la presión arterial es fundamental para el buen diagnóstico.

Lo aconsejable es estar entre los 120mm y los 140mm de máxima, y 70mm y 90mm de mínima. Aun así, cada persona es un mundo aparte, y puede que haya gente que se encuentre ligeramente fuera de estas cifras. La presión arterial suele aumentar con la edad, por ejemplo. Resumiendo: hablaremos de hipertensión cuando la presión sanguínea máxima (sistólica,) sea igual o mayor de 140mm Hg, y la mínima (diastólica) sea igual o mayor de 90mm Hg.

Entonces, ¿soy hipertenso?

Ante todo, mencionar que cuando hablamos de “prehipertensión”, nos estamos refiriendo a aquellos individuos que están más predispuestos a sufrir dicha enfermedad. Según algunos autores, más del 25% de las personas diagnosticadas con hipertensión, no necesitan ser tratadas con ningún medicamento o, sencillamente, no son hipertensos. Cuando el aumento de presión es debido a la enfermedad de otros órganos, o cuando ésta los enferma, tenemos un diagnóstico más claro. Ahora bien, decir que eres “prehipertenso” sólo porque tu presión arterial está un poco por encima de lo habitual, es ir demasiado lejos. Además, no todos los estados “prehipertensivos” evolucionan hacia una hipertensión propiamente dicha.

Consecuencias de ser hipertenso:

Ser consciente de tu enfermedad y tratarla a tiempo es fundamental.

Tensión arterial alta

La hipertensión es el primer factor responsable de los accidentes cerebrovasculares. Y el segundo relacionado con los infartos cardíacos. Cuando ésta se prolonga con el tiempo, produce daños en las arterias, en la retina, en el riñón, en el corazón (lo sobrecarga de trabajo) o en el cerebro. De todos modos, los daños más graves suelen ocurrir no sólo debido a la hipertensión en sí, sino también a otros factores que se añaden a ésta.

La hipertensión es una condición previa que inicia una especie de círculo vicioso que genera una hipertrofia cardíaca compensadora. Produciendo arteriosclerosis o fibrosis arteriocapilar, y que termina produciendo lesiones en la retina, problemas cerebrales, cardioesclerosis o trastornos renales.

Causas de la hipertensión:

La tensión arterial mantiene un equilibrio en el cuerpo que no se debería romper.

La contracción del corazón presiona al sistema arterial para que la sangre pueda circular desde los grandes vasos hacia las más pequeñas arteriolas y capilares. Luego, el corazón se dilatará para poder recibir nueva sangre. Se buscó la causa de la hipertensión hacia una predisposición hereditaria. Pero ahora sabemos que esto no es así, y que son muchos los factores que pueden hacer que tengas la tensión alta aparte de algún que otro gen…

En cambio, el sistema nervioso simpático, el sistema renina-angiotensina-aldosterona, el control renal del volumen del líquido extracelular, las distintas propiedades intrínsecas de las arterias y la microcirculación, sí que promueven la aparición de la hipertensión. Por ejemplo, habrás oído decir que la ingesta de sal es contraproducente y que aumenta la tensión arterial. En realidad, ahora sabemos que no en todos los individuos nos afecta del mismo modo, habiendo personas que pueden consumir más cantidad de sal sin verse afectadas que otras.

Así, en la hipertensión, hay mecanismos neurales, hormonales, renales, y vasculares que nos pueden perjudicar y que debemos tener siempre en cuenta.

Riñón y Pulmón:

Todos los órganos del cuerpo, están conectados entre sí.

El riñón

El riñón realiza dos acciones básicas sobre la presión arterial: la regulación del contenido de los líquidos del organismo, y la producción de sustancias que actuarán sobre los vasos a nivel local o sistémico. Cuando la tensión desciende, el riñón suele segregar renina. Y, a través de su síntesis, el riñón controla la actividad del sistema sistémico a través de la vasoconstricción (angiotensina II), y la retención de sodio, a través de la aldosterona.

Cuando la tensión arterial aumenta el sodio disminuye. Entonces, el riñón produce renina (una enzima) que actúa en la sangre con el angiotensiógeno produciendo una hormona llamada: angiotensina I. Esta hormona pasa a través del pulmón y, gracias a la ECA (otra enzima), la transforma en angiotensina II. Ésta produce un efecto vasoconstrictor y regulador del sodio. Aquí encontramos una evidente conexión entre la función renal y pulmonar, de la que tanto hablamos los expertos en Medicina Tradicional China, ya que la angiotensina II estimula la producción de aldosterona en la corteza suprarrenal, que incrementará la reabsorción renal de agua y sodio. Por eso, a través de la síntesis de renina, el riñón controla la vasoconstricción y la retención de sodio.

El sistema vascular:

La alteración de la estructura de las arterias (tanto de las más grandes como de las más pequeñas), afecta directamente a al origen y evolución de la hipertensión. Conforme nos vamos haciendo mayores, la elasticidad de los grandes vasos va disminuyendo. Esto conlleva que la presión arterial sistólica (la máxima) incremente, mientras que la diastólica (la mínima), disminuya. Entre los cambios más notables que podemos encontrar en el sistema vascular conforme envejecemos, encontramos un aumento del colágeno y una disminución de elastina en las arterias grandes y medianas.

En cambio, en las arterias más pequeñas (arteriolas y capilares), podemos encontrar una oclusión reversible de la luz arterial o, incluso, su pérdida definitiva. Esto es muy importante porque, aparte del posible aumento de la tensión arterial que se puede producir con el tiempo, estas zonas quedan huérfanas de oxígeno, produciendo síntomas patológicos en los órganos comprometidos.

La obesidad y la hipertensión:

Sin duda, existe una relación directa entre ambas…

La obesidad

Es evidente que las personas obesas, o aquellas que tienen diabetes tipo 2, son más propensas a tener hipertensión arterial. De hecho, el síndrome metabólico afecta a un 30% de los adultos de las ciudades occidentales. El tejido adiposo se utiliza para almacenar energía. Además, las células grasas producen adipokinas (sustancias activas), que tienen un efecto hipertensivo y arterioesclerosante.

Así mismo, se produce una sobreactividad del sistema nervioso simpático con una relación directa con la apnea del sueño. Cuando el hígado es excesivamente graso puede liberar más adipokinas, que cruzan la barrera hematoencefálica y activan también el sistema simpático a través del sistema nerviosos central.

La hipertensión según la Medicina Tradicional China:

La Medicina China puede llegar a ser una buena aliada para la hipertensión, pero no la única.

Acupuntura

Según la Medicina Tradicional China, los órganos implicados en la hipertensión son el Hígado, el Riñón y el Bazo. En dolencias crónicas, a menudo encontramos una deficiencia del Hígado y/o Riñones que conduce a un ascenso de Yang de Hígado; aunque en otros casos encontramos un ascenso de Fuego de Hígado. No hay que olvidar por ello tratar el meridiano de Corazón por su relación directa con los vasos sanguíneos y tener en cuenta una posible deficiencia del Bazo, Flema, o estasis de sangre en los casos más avanzados.

La acupuntura da buenos resultados para bajar la tensión arterial, conjuntamente con un cambio de dieta y de costumbres, pero es importante visitar al médico para que realice un examen exhaustivo y diagnostique el origen de dicha alteración, ya que podríamos sufrir alguna enfermedad renal o endocrina.

*Ampliaré la información de la hipertensión según al Medicina China en otro artículo.

Remedios naturales para la hipertensión:

Cualquier remedio debe tomarse bajo el consentimiento de un médico especializado.

El ajo es sin duda uno de los remedios que tiene más propiedades terapéuticas. Purifica la sangre, es antibacteriano y antifúngico; en este caso, nos ayudará a realizar una vasodilatación de los capilares y de las arterias. La canela ayuda a regular los niveles de azúcar en sangre, siendo beneficiosa ya que los niveles altos de azúcar provocan un estado de inflamación que empeora el funcionamiento del sistema circulatorio.

La cebolla también contribuye a la dilatación de los vasos sanguíneos (siendo aconsejable en la dieta diariamente). El apio tiene una función depurativa y diurética que contribuye a eliminar sodio a través de la orina, ayudando a reducir el volumen de la sangre en las arterias (es importante consumirlo crudo). La pera tiene mucho potasio y poco sodio, regulando la tensión arterial.

Más remedios:

Tomar semillas de chía o de lino, que contienen altos niveles de omega-3, es una buena idea por dos cosas: producen un efecto antiinflamatorio, y disminuyen la tensión arterial. De igual manera puede ayudarnos tomar agua de coco, alcachofas o legumbres. Más remedios: Puedes cocer un puñado de hojas de olivo en un litro de agua durante 15 minutos. Deja reposar 10 minutos y toma dos vasos al día. Este mismo remedio se puede realizar con la peladura de una cebolla o con la piel de cuatro patatas (evidentemente limpias). Cuando la tensión está descompensada, es decir, cuando la baja está alta y la alta está baja, se toma en ayunas durante 9 días la cocción de 4 hojas de laurel en una taza de agua.

Se hierve durante 3 minutos, se deja reposar y se toma. También sabemos que la práctica de la meditación puede contribuir mucho a reducir la tensión arterial, pero para que haga efecto se debe practicar al menos durante dos o tres meses. Así mismo, es importante saber meditar en condiciones y bien, pues estar quieto y con la cabeza divagando en mil cosas a la vez no nos ayudará en absoluto. El Tai Chi y el QiGong tienen efectos muy beneficiosos y, los masajes terapéuticos también, pero, es preferible que no sean demasiado intensos.

Hábitos de vida:

Para finalizar, recuerda que tus buenos hábitos son fundamentales para vivir saludablemente.

Los hábitos que adquirimos durante el transcurso de nuestra vida, pueden favorecer a que suframos hipertensión. El sobrepeso, el estrés emocional, la vida sedentaria o el consumo excesivo de sal, son algunos de malos hábitos que debemos abandonar. Cambiar este tipo de hábitos será fundamental cuando la presión se encuentra menor a 180/110 (que es cuando ya se considera un presión arterial bastante elevada), puesto que no tratar la hipertensión significa aumentar el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular. El deporte y una buena dieta, podrá bajar los niveles hasta una hipertensión moderada ( 140-160/09-100) en la mayoría de los casos.

Xavier Turell Nebot

Masajista en Sabadell

-La hipertensión-

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