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En el artículo anterior: “La práctica del deporte y sus falsas creencias“, os mencionaba algunas ideas que siempre se han dicho sobre el deporte y que, definitivamente, no son ciertas. Ya sabemos qué son y cómo prevenir las agujetas, que un aumento excesivo de proteína no es nada bueno para nuestra salud, que los suplementos vitamínicos son innecesarios si no acusamos una deficiencia, y que sudar no es sinónimo de adelgazar. ¿Seguimos? Muchas mujeres luchan continuamente contra la grasa acumulada en zonas concretas de su cuerpo como: muslos, caderas, vientre, glúteos… Para ello realizan una serie de ejercicios específicos que, según creen, irán haciendo desaparecer dicha grasa. Desgraciadamente, el cuerpo humano no funciona así. En realidad, sólo el ejercicio aeróbico de larga duración es el que permite aumentar la actividad de la lipoproteína lipasa (enzima que libera mayor cantidad de grasa como fuente de energía). Puede que hacer 400 abdominales todos los días logre reducir algo tu barriga, pero el esfuerzo realizado no se reflejará junto al resultado obtenido. Debes dejar de mirar tu cuerpo como partes separadas y trabajarlo como a un conjunto. La constancia y la paciencia siempre serán tus mejores aliadas. Algo que soléis preguntarme es: ¿Cómo voy a hacer ejercicio para perder unos kilos, si cada vez que me pongo a ello luego tengo más hambre? En primer lugar, hay que entender que la pérdida de peso hay que buscarla siempre a largo plazo, no inmediatamente.

Cuando una persona realiza un ejercicio moderado, las grasas se irán utilizando como fuente de energía y, por tanto, tras finalizar, el cuerpo no reclamará más comida. En cambio, al realizar un ejercicio intenso, el organismo consumirá glucosa, habrá un descenso en las reservas y se estimulará el centro del hambre en el hipotálamo. El ejercicio aeróbico moderado no produce ese descenso de glucosa y, además, estimula la grasa. Por eso, insisto, hay que tener paciencia, y no querer adelgazar en cuatro días.

La práctica del deporte y sus falsas creencias

Cada vez aumenta más el número de personas que hacen deporte, ya que nuestra sociedad lo ha ido valorando como un acto sano y positivo. Pero, ¿sabemos cuál es el deporte que nos conviene dependiendo de nuestro actual estado de salud? Debemos recordar que al hacer un ejercicio por encima del umbral saludable de intensidad, sometemos a nuestro organismo a un esfuerzo excesivo. Así pues, para mejorar nuestro estado de salud debemos hallar aquellos ejercicios que nos vayan bien a cada uno, y no el primero que nos digan. Aunque se ponga de moda correr o ir en bicicleta, antes debemos saber si estamos preparados para el reto que nos proponemos, o si debemos aguardar un poco y prepararnos con antelación. Establecer el tipo, la intensidad, la duración y la frecuencia del ejercicio físico, es crucial para avanzar con prioridad. De igual forma, realizar estiramientos 15 o 20 minutos al día os ayudará a evitar lesiones. (Podéis consultar el artículo sobre cómo realizar los estiramientos publicado el 30 de julio de 2016 en el Diari de Sabadell, o consultar mi blog: www.masajistaensabadell.com).

EJERCICIO Y COMIDA:


Tras una ingestión abundante de alimentos, es necesario esperar un poco antes de iniciar el ejercicio físico. Si no esperamos el tiempo suficiente, podremos sufrir ciertos problemas gastrointestinales. Tras comer, el organismo concentra mucha sangre en el área digestiva, reduciendo así la que hay en la zona muscular. Si hacemos ejercicio, llamamos a la sangre hacia los músculos, haciendo que abandone la zona digestiva, con lo que se crea un conflicto que puede incluso llegar a detener la digestión. Debemos respetar nuestro cuerpo. Comer, dar tiempo para digerir los alimentos, y luego, podremos ir a hacer deporte sin sufrir ningún riesgo.

Otro rumor que circulaba antaño, es el de que la natación corrige las desviaciones de la columna. Aquí hay que aclarar que la natación es un buen ejercicio para los problemas de espalda y un magnífico complemento al tratamiento médico. Desarrolla la flexibilidad, el sistema cardiopulmonar, y tiene una acción directa sobre la musculatura paravertebral; además, sabemos que muchos dolores de espalda desaparecen con el hábito de la natación. Un buen profesional en el ámbito deportivo te indicará qué tipo de ejercicios puedes realizar dentro del agua, dependiendo de tu dolencia, porque, una vez más, no todo vale… Para la hiperlordosis puede que te sea útil la remada en “V” o el nado con pullboy, nadar con una pala o aleta en el lado más débil para la escoliosis, etc. Eso sí, siempre para reforzar, mejorar y tonificar la musculatura. Desgraciadamente, las desviaciones no son tan fáciles de solventar.
Vale la pena recordar que para hacer ejercicio es fundamental tener en cuenta estos tres factores: calentar, ejercitarse, y volver a la calma.

Dedicaremos más tiempo al calentamiento cuanto mayor sea nuestra forma física, si hace frío, o si realizamos actividades de fuerza o velocidad. La aparición de ampollas en los pies suele ser frecuente si no se adoptan ciertas precauciones. Se producen debido a la utilización de un calzado no apropiado, o a que algunas personas no utilizan calcetines. Al realizar movimiento se genera fricción, así que unos calcetines de felpa, algodón o lana (que absorben bien la humedad) nos serán de gran ayuda. Para finalizar, os diré que tras la práctica de un deporte no es aconsejable ducharse de inmediato y que, cuando uno lo haga, debe hacerlo con agua templada.

Xavier Turell Nebot

Masajista en Sabadell

-La práctica del deporte (2ª parte)-